10.25.2009

Casamitjana: “La tauromaquia es una enfermedad social e individual”

por Javier Montilla para ellibrepensador.com

No puede resultar extraño que sea un ciudadano de España, aunque afincado en Londres, quien dedique su vida a acabar con la cruel tradición de la tauromaquia por los diferentes confines del planeta. Afirma que la mayoría de antitaurinos del mundo son españoles, porque han tenido contacto con esa idiosincrasia y han apostado por plantarle cara. Sin embargo, para Casamitjana su lucha no sólo se ha basado en conferencias, protestas en la calle y acción política. Su lucha le ha llevado también a infiltrarse por todo el mundo en el propio santuario de la tauromaquia, el coso. Con un único fin: grabar. Que las imágenes sean las pruebas. Tragándose el dolor del animal, que pasa de una belleza y unas hechuras descomunales para convertirse en un mosaico de color rojo, en un objeto del que disfrutan los presentes, teñido por su propia sangre. Para él está claro, se trata de la única forma de registrar audiovisualmente la carnicería pública con objeto de poder demostrar como la cultura mal entendida no es más que una tortura animal.

Ha creado una consultoría independiente sobre protección animal. ¿Cuáles son sus objetivos?

En Inglaterra la profesión de animalista es como cualquier otra profesión o carrera y, por lo tanto, los consultores de protección animal no son tan raros. Muchos animalistas aquí trabajan como empleados de organizaciones de protección animal, mientras otros son independientes. Mis objetivos son simplemente poder ayudar a organizaciones o individuos animalistas del mundo en sus campañas usando mi experiencia de años sobre el tema, y poder seguir ganándome la vida con ello. No es diferente del trabajo de un doctor o un abogado independiente que tienen sus propios clientes, pero en mi caso mis clientes no son pacientes o acusados, sino gente que ayuda a los animales o lucha por sus derechos. La ventaja de ser independiente es que tengo más control sobre qué temas animalistas trato y los clientes con los que trabajo. La desventaja es que ya no tengo salario fijo y por tanto económicamente es más arriesgado e inestable.

¿Y usted cree que la crisis económica ha empeorado la situación de los animales?

En general sí, ya que hay una correlación entre tener recursos económicos y dar un cuidado adecuado a un animal. Menos dinero quiere decir que la gente puede que se lo piense dos veces antes de llamar a un veterinario, o abandone una mascota porque le resulte demasiado caro mantenerla. Pero por otro lado países ricos y bien desarrollados tienen su propio estilo de abuso animal. Por ejemplo, producciones masivas agrícolas o el tema de la vivisección son dos ejemplos de sufrimiento animal correlacionados con afluencia económica y, por tanto, en tiempo de crisis, puede que ciertas empresas cierren. Y si una empresa de vivisección cierra se salvan a muchos animales en el proceso. Así que en general tenemos que considerar que, con crisis o no, los animales siempre sufren y tenemos que invertir nuestro tiempo y recursos para ayudarlos si queremos mantener nuestro estado de civilizados.

Uno de sus mayores logros fue acabar con la caza del zorro en Inglaterra. ¿Se ha propuesto también acabar con la tauromaquia?

Aunque yo contribuí en la campaña para la ilegalidad de la caza del zorro con perros en Gran Bretaña, no es correcto decir que es un logro mío, ya que mucha gente contribuyó mucho más que yo durante muchos más años. Pero personalmente considero que mi contribución fue significativa. Espero que algún día pueda pensar lo mismo sobre la tauromaquia. No hay nadie que por sí solo puede acabar con la crueldad animal, pero todos y cada uno podemos contribuir significativamente a acabar con ella. Por ejemplo, yo soy vegano, y por tanto no consumo ningún producto animal. Esto es una contribución pasiva en contra de la violencia hacia los animales que cualquier persona pueda hacer. Ir a una manifestación anti-taurina es una contribución activa, por ejemplo. Todo ayuda, y se necesita el apoyo de todos. Si te pones a pensar, todos los logros abolicionistas importantes de la humanidad, desde la abolición de la esclavitud a la emancipación de la mujer, no se pueden atribuir a nadie en concreto. Son movimientos sociales que llegan a convertirse en éxito cuando abarca a la mayoría de la población de forma natural y anónima.

¿Ha cambiado la percepción de los turistas ingleses y holandeses de las corridas de toros?

Sí, con el tiempo hay menos turistas que se dejan engañar y van a ver corridas sin saber lo que pasa en ellas ya que hay más información circulando que les alerta antes. También los principios de protección animal en estos países están tomando fuerza, lo que crea más gente totalmente opuesta a la tortura animal. Y no nos olvidemos que hay organizaciones anti-taurinas en estos países haciendo campaña todo el año, como la Liga Contra los Deportes Crueles en Reino Unido o CAS Internacional en los Países Bajos, con las cuales yo he trabajado como empleado en el pasado. De hecho, en España ya hay muy pocos turistas ingleses u holandeses que acuden a ver corridas de toros, pero, en cambio, van turistas asiáticos y de la Europa del este.

¿Y por qué la Unión Europea no actúa de oficio ante las “fiestas” populares de muchos rincones de España que cada año torturan a un sinfín de animales en nombre de Dios o de la tradición?

Porque en principio hasta el momento no se ha sentido suficientemente competente para tal actuación. Hay una corriente en la UE de dejar que la soberanía de cada país solucione los problemas políticos que le conciernen, y el debate sobre dónde y cuándo la Unión Europea tiene derecho a oficializar está todavía abierto. Con el tema de la constitución Europea y la constante incorporación de nuevos países en la UE, la situación política de la UE es muy dinámica y cambia mucho. Además, en el pasado la industria taurina ha sabido bastante bien como entretener a burócratas Europeos para que se olviden del tema taurino. Quizás en un futuro no muy lejano se podrá conseguir más a ese nivel, pero lo que no hay duda es que la posición de la mayoría de los ciudadanos y políticos en la Unión Europea es totalmente contraria a la tauromaquia.

¿España sigue siendo la espina dorsal de la civilización?

No sabía que lo había sido en el pasado, pero no veo nada que justifique esta expresión en el presente, a no ser que solo consideremos las vértebras del cóccix por cómo trata a los animales.

¿Las corridas de toros están en crisis en todo el mundo, por eso se buscan nuevos escenarios como Las Vegas?

Sí, esto está claro. El movimiento anti-taurino está creciendo en número, fuerza y organización, y la industria taurina está decreciendo en apoyo, recursos y moral. Por tanto, intentan abrir nuevos mercados, pero por lo general fracasan. Han tenido cierto éxito en los EE.UU. en el caso de California y ahora Nevada, pero han intentado sin éxito en otros países como Canadá y Polonia. La situación actual es que la tauromaquia sólo ocurre legalmente en nueve países del mundo, y está prohibida en la mayoría de los países. Con el tiempo se ven más países, regiones y localidades que prohíben explícitamente la tauromaquia. Saben que tiene los días contados, y por tanto lo están intentando todo. Pero yo no tengo duda que el siglo XXI será el último siglo donde se verá tauromaquia en directo. En el futuro el toreo será simplemente una reliquia histórica presente sólo en libros, videotecas y museos, posiblemente al lado de artilugios de la Inquisición Española, como ya ocurre hoy, curiosamente, en un museo en Roda.

La crueldad de los toros es la misma que nos permite permanecer impasibles ante el bombardeo indiscriminado de civiles, dijo usted en alguna ocasión. ¿Se refería a que la ética es indisoluble y que cualquier injusticia nos debería hacer saltar de la silla?

No es tanto una cuestión de injusticia, sino una cuestión de crueldad. La visión de crueldad y sufrimiento despierta en cualquier humano un sentimiento de repulsión causado por una capacidad empática que todos poseemos, y que no sólo funciona con miembros de nuestra propia especie, sino también con otras. Pero esta empatía natural se puede enmascarar con aprendizaje, proporcionándole a un niño en crecimiento informaciones contradictorias que al final le borran esta empatía. Si el niño ve que la visión de la sangre, violencia y destrucción no genera en los adultos que le protegen una reacción de temor y repulsión, sino por contra una visión de alegría y celebración, con el tiempo ese joven se desensibilizará y se unirá a la tribu en la celebración. Ese niño, ahora adulto, permanecerá impasible a la visión de sufrimiento ajeno, y por tanto podrá fácilmente dedicarse a bombardear civiles o a torturar toros. La verdad es que yo veo a la tauromaquia como una enfermedad social e individual, que la padecen sociedades que glorifican y toleran el toreo, pero también individuos que se contagiaron de pequeños, posiblemente de sus padres. Por lo tanto, lo que el movimiento antitaurino tiene que hacer es curar a la sociedad, si es que no puede ya curar a esos individuos contagiados.

1 comentario:

Juana dijo...

Estoy de acuerdo, la tauromaquía debe de desaparecer y esta en nosotros que no se propague. Hay que enseñar a nuestros hijos el respeto hacia los animales y que bajo ninguna circunstancia es valido el entretenimiento con el sufrimiento de animales (no tauromaquía, no peleas de perros o de cualquier animal, no circos)

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